Ayer salimos con los chicos por la mañana,



pero a Liv le sentó como el tiro, a pesar de que no hacía nada de frío. A la vuelta tuvimos que llamar a Info-Santé porque la pobre temblaba y estaba muy pálida. Hoy nos quedamos en casa a resguardo y a mentalizarnos de que mañana nos vuelven los Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio.

Vistas desde la terraza.


Ya está todo cubierto de blanco. Las fotos has sido tomadas esta mañana. Está todo bastante más bonico.

Mañanicas con Otto.

3 meses.

Parece mentira, Otto ya lleva 3 meses con nosotros. El pobre lo celebra compartiendo catarro con su hermana.

Frío.


Hoy me he ido a pasear con Otto, y me he acordado de lo que es el frío por estas tierras. Con el verano que hemos tenido se me había olvidado. Al volver a casa, los dedos de las manos se me estaban quedando tiesas a pesar de los guantes, y por el barrio olía a leña. Evidentemente, nos hemos encendido la chimenea al llegar a casa.

Recordando viejos tiempos.


Este finde estuvimos en Montréal con la excusa de comprar una cuna (como si no hubiera cunas en Québec) y comprar quesos. De la "grata" experiencia aprendimos varias cosas:
a) no vayan ustedes núnca con dos bebés a Ikea, se pone a prueba el matrimonio más sólido que exista.
b) no vayan ustedes con dos bebés a un restaurante, a no ser que uno de ellos al menos esté dormido.
c) es aconsejable llevarse un paracetamol al menos para el viaje en coche, a tomar preferiblemente después de una hora ininterrumpida de lloros a dúo y a pleno pulmón.
Nos espera, parece ser, una temporada tranquila.

Tregua.


Ay Otto, aprovecha los días que tu hermana va a la guarde, que el resto te sacuden.

Así va la cosa:


Y se acabó.

Ésta es la última foto que quedaba de la serie de fotos de estudio de hace un mes. A partir de ahora volvemos a la normalidad, poniendo fotos de andar por casa.

Aunque no lo parezca,

Liv estaba enfadada conmigo.

Papá piquillo.

Con mi cachorrín.

Otto.

Pues al final...


...ni Halloween ni nada. Liv se puso malica y no pudo ir a la fiesta que hicieron en la guarde. En cuanto a nosotros, la verdad es que somos un poco lo peor: como no teníamos caramelos, sino mazapanes rancios que no se podían dar sin el riesgo de ser luego perseguidos por algún padre enojado, bajamos los estores para que no llamaran a nuestra puerta. Resulta que al final no llamó nadie.

Volver al inicio Volver arriba Emigrantes en Québec (o casi Liv y Otto en Québec). Theme ligneous by pure-essence.net. Bloggerized by Chica Blogger.