
A la mesa frente a un delicioso manjar québécois: las poutines.

Liv dando los buenos días a las yayas, obligadas a dormir en la misma cama en casa de los papounes.

Yayicas con Liv frente a la esfera armiliar exponiana, en Montréal, el día de su partida.

En fin, os vamos a echar mucho de menos. Sobretodo estos pejilgueros que se han acostumbrado a vuestros brazos y a vuestras canciones. Habéis cruzado un océano y habéis compartido con nosotros momentos muy importantes. GRACIAS por haber venido, valientes. Os queremos mucho y os llevamos en el corazón.