Verano caluroso.



Liv a las 6h30 de la mañana.

El buen tiempo es lo que tiene.




Hoy hemos hecho pirola de todo y nos hemos tomado la tarde para nosotras. Hemos llegado hasta el puerto y nos hemos refrescado en una fuente. Liv se lo ha pasado pipa, y yo he llegado con los pies reventados a casa, arrastrando el carrito y mi bombo en forma de pico.

3 añicos...ya.

Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando salimos desde Zaragoza con las maletas y los gatufos rumbo a un país casi exótico, a empezar de cero. Atrás quedaron nuestras aventuras en el inmueble de filipinos, en el barrio Côte-des-Neiges de Montréal. Esos vecinos tan amenos que cada día nos tenían una sorpresa preparada, desde un incendio hasta un pequeño timo, pasando por las tretas por colarse en la lavandería, por no hablar del que criaba canarios en el trastero, o el que nos enviaba la policía a casa. Ese primer verano inolvidable, en la que pasamos una luna de miel con la ciudad de Montréal, sus sabores, colores, conciertos, todo un baño de estímulos para dos catetos como nosotros. Luego vino la mudanza a nuestra casita, la búsqueda de trabajo,el comienzo de una integración en el mundo real. De todo ha habido, alegrías e incluso algún momento amargo, pero aquí sigue el barco, en el que cada día se sube más gente, hasta las abuelas que vendrán este verano. Vamos entonces a por el cuarto año, quizás con bastante menos ingenuidad, pero con la certitud de que los sueños hay que cumplirlos, porque sólo se tiene una vida para llevarlos a cabo.

Con la mamoum.

Por abuelas no será.

Me pongo de pie, me vuelvo a sentar.


Momentos ansiados.



Liv, te adoramos. Pero cuando te quedas así, dormidica un par de horas, te queremos todavía más...

Paseo hasta el puerto.



Yayas y yayo: en la del medio se le ven las clavijillas.

Volver al inicio Volver arriba Emigrantes en Québec (o casi Liv y Otto en Québec). Theme ligneous by pure-essence.net. Bloggerized by Chica Blogger.