
Ayer me la llevé tal que así a su primer día de guardería. Pude comprobar en mis propias carnes que todos los tópicos sobre lo que se siente al dejar a tu bebé el primer día en la guarde son reales. Y a la vuelta allí estaba, tan panchota ella, rodeada de enanos. Se acercaron todos, y ella por lo que se ve jugó con todos. Ni una lagrimilla (ella, claro), y cuando la fui a buscar pasó de mí. Creo que si pudiera hablar habría dicho: "ya está aquí otra vez esta pesada, con lo bien que me lo estaba yo pasando". Lo de las guarderías en Québec es un problema social. Hay muy pocas plazas para muchos niños (el cambio reciente de las bajas parentales, las más flexibles de todo Canadá), ha ido provocando un baby-boom progresivo, que hace que crezca la natalidad por un lado, que todo lo relacionado con los bebés sea un negocio floreciente, y que el hecho de encontrar una guardería sea toda una hazaña, máxime si es de las subvencionadas por ele gobierno. Nosotros empezamos la búsqueda de forma activa no hace mucho (la pasiva comenzó mucho antes, estando todavía embarazada de Liv, apuntándonos en una lista centralizada de guarderías de la que al parecer no te llaman núnca). Pero por un golpe de suerte o qué sé yo, hemos encontrado una de las subvencionadas (un poco lejos, eso sí).
2 comentarios:
Usté asegúrese de que recoge a la suya, que con semejante camuflaje podría volver a casa con un bebé foca tan ricamente.
Jajaja.
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