Empezamos a preparar la maleta

Perfecto! Liv nos cabe.

Mi canadiense favorita


Después de multitud de pruebas y obstáculos, Liv obtiene su pasaporte canadiense. Yayas y yayos del mundo, preparaos, que ahí vamos.

5 meses,en Montréal






Los 5 meses nos han pillado en Montréal. Un viaje que podríamos resumir de la siguiente manera: vamos al Rumi, y parecemos dos pobres que no han comido en una semana. Vamos a un hotel, y descubrimos que hay cosas del mundo de los mayores que no nos gustan (que nos aparque el coche un tío que no conocemos). Chuso va a una formación, y llega tarde porque nos pilla atasco en la autorute Décarie (esto es muy montrealés).Voy a ver a mis compañeras de trabajo que se comen a Liv a besos. Voy a comprar chocolates, quesos y aceite de oliva al mercado Aubut como antaño se iba a Andorra a por sopas de sobre y azúcar. Voy al mercado Atwater a por jamón serrano, y el tendero al que le hice salir por obligación en Campuzos por el mundo me saluda con un simpático: jamón va a ser?. Voy a ver a mi amiga Amélie, que sigue tan maja como siempre o más. Ya no siento pena cuando visito Montréal. La pequeña es una todoterreno que aguanta lo que le echen. Volvemos a nuestra casita de Québec, que es una ciudad de andar por casa, y qué bien se está.

Empieza la temporada

YES, WE CAN!!

Como las leyes españolas no aceptan que Liv lleve mi segundo apellido, me lanzo en una gyncana contra-reloj para que nos dé tiempo a tener su pasaporte canadiense antes del día 1 de diciembre. Liv, a mí me podrá costar la salud, pero por los clavos de Cristo que a tí te hago ciudadana del mundo, aunque me tenga que cambiar el nombre, escribirlo del revés o en morse.

Nueva foto para el pasaporte canadiense de Liv.


Disgustada con la burocracia española, parece ser que Liv sólo puede ser canadiense por el momento porque lleva mi segundo apellido, y eso en España no es legal. A 20 días de irnos para allá, nos lo comunican hoy, sólo para elevar un poco el nivel de estrés. Continuará...

Y por eso me llaman la desdentada.


Gordopila

Happy Halloween


Ayer, todo el mundo iba disfrazado, hasta las cajeras de los supermercados. Pensando que esto de vivir en Norteamérica tiene sus cosas, compramos caramelos para no quedar mal con los niños del barrio. Lo mismo hubiera dado, no vino ni uno sólo, debe de ser que no estamos en la ruta del bacalao.

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