Queda poquito.


Para que seamos una más. Ayer me tocó la lotería en Québec. En otros países igual no se valora, pero el médico que visité ayer para el seguimiento del final del embarazo se ofreció él mismo a ser mi médico de familia y el de Liv (sin que me tuviera que poner de rodillas!!!!). El problema sanitario es uno de los principales hándicaps de Canadá en general. Hay escasez de médicos, y los que hay no cogen a más pacientes porque están desbordados. Así que hay mucha gente que no tiene médico de familia, y cuando consigues uno te puedes dar con un canto en los dientes. También nos mandaron al hospital a comprobar la regularidad de los latidos de la peque, así como su crecimiento fetal. Todo va benne.
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En esto metimos nuestras cosas.


Gracias a la inestimable ayuda de Fernando y la de los aitachines, fuimos capaces de trasladar todos nuestros trastos a Québec. Aún estamos pagándolo todos. Los aitas duermen como unos benditos por la noche, y eso que a las 5 y media de la mañana les empieza a dar el sol en la cara como si fuera mediodía. Estos mayores se adaptan a todo.
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Emigrantes en Québec.

Debido a motivos puramente lógicos, este blog pasa oficialmente a llamarse «Emigrantes en Québec». Llevamos 2 días aquí, y las cajas nos invaden. Sólo espero que durante el recibimiento de Liv sea capaz de localizar su ropa y sus pañales. Fotos de nuestro pequeño caos serán publicadas dentro de poco.

Los aitachos ya están aquí.



El viaje dicen que bien. Sin esperas, ni inspecciones, ni sorpresas raras. El aita se portó bien en el avión, o eso dicen. Y por aquí los tenemos cocinando y preparando cajas. La gran mudanza es mañana.
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Segundo aniversario.

Con tanta novedad y tanto cambio que se avecina, se me olvidó comentar que ya hace 2 años que nos dejamos caer por estas tierras. Con unas cuantas mudanzas a las espaldas, un bebé a puntito de caramelo, unos cuantos visitantes que han venido ya, otros que se avecinan, un puñado de amigos y amigas canadienses, y dos inviernos de los de verdad a las espaldas, ya podemos casi decir que estamos más o menos integrados.

Filas en la aduana.

Aitas: estos es lo que os vais a encontrar cuando bajéis del avión y andéis un poco, sólo que con más gente. Os meteréis por donde van esos andando, y esperaréis a que os toque el turno para presentar vuestros pasaportes, el billete de vuelta, y el formulario que os habrán dado en el avión. No os preocupéis, es menos de lo que parece.

Chuso montando el carrito,


y completamente preparado para la vida moderna.
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