Un gros gros MERCI, les filles.

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Ayer tuve mi propia baby-shower, al parecer una tradición norteamericana que organizan las madres de las primerizas y en las que las invitadas se encargan de proporcionarte «el kit» de todo lo que puedes necesitar los primeros tiempos de maternidad -yo sólo lo había visto en Friends-. Como saben que mis madres están lejos, organizaron este tinglado por mí. La verdad es que fueron tan generosas que me moría de la vergüenza. Sé de uno que se va a poner contento cuando vea todos los bultos que se han añadido a la mudanza, jeje.

Quedan 19 días.


Aita: vete haciendo a la idea.

Montréal desde la esfera armilar exponianana.

Aprovechando la entrada libre a la Biosfera, y el día que hizo el sábado pasado (30 grados, este país está loco), desempolvamos las bicis y allí que nos metimos. A la vuelta no podía ni con mi alma. El bombo empieza a tomar posiciones considerables, y en la bici ya empezaba a estorbarme. No pongo ninguna foto mía que me veo un poco infame. Próxima entrada: baby-shower sorpresa que me tienen preparada en el curro, aunque yo en teoría no sé nada.

Mi último concierto de embarazada.

El otro día estuve viendo a Yann Tiersen, que por cierto, se ha puesto fondoncico, y Liv no paró de revolverse durante horas. Me imagino que a su manera reaccionaba a los decibelios.

Chuso, pareces un crío con zapatos nuevos.

Poco a poco voy despidiéndome

a mi manera de esta ciudad tan especial antes de trasladarnos a Québec. Este es uno de mis rincones favoritos, que siempre podré visitar. Aquí traemos a nuestros invitados la primera vez, casi casi nada más bajar del avión. En la foto vistas desde el Mont-Royal sobre la ciudad y el río St-Laurent.

Quedan 34 días.

Costillas de cordero con patatas a la panadera.



Los fines de semana, entre que llenamos cajas de cartón y no para la siguiente mudanza (la tercera en dos años), nos dedicamos a la buena comida, por lo que pueda pasar.
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El vecino cochino.

Después de estarme debatiendo entre publicar la foto o no (por desagradable), he decidido contar la historia del vecino pajero de en frente, sobretodo después de que el farenhusband le arrojara ayer primero unos tomatitos cherry, y una manzana después, dado que el guarrete no parecía muy dispuesto a subirse los pantalones. Nota: el susodicho lo hace varias veces al día, y la verdad, es bastante repugnante.

Volver al inicio Volver arriba Emigrantes en Québec (o casi Liv y Otto en Québec). Theme ligneous by pure-essence.net. Bloggerized by Chica Blogger.